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Marcha Atlética

Su orígenes documentados los hallamos en Inglaterra hacia el siglo XVIII, formando parte de un sistema de apuestas, llegando a transformarse en muy populares, para un siglo más tarde extender esa popularidad al resto de Europa.

Países como Italia, Francia, Suecia y Alemania se ocuparon de brindarles un lugar muy especial como entretenimiento popular llevándolas a una gran convocatoria, a través de la cual su fama cruza el océano para desembarcar en América del Norte.

Pasaron a ser incorporadas en los Juegos Olímpicos para 1908, fecha correspondiente a los terceros Juegos de la historia, llegando a otras competencias como los Juegos Europeos (1934), Juegos de la Commonwealth (1966).

Esta disciplina como vemos se incluyó desde los principios en las competencias más importantes del mundo, pero dentro del atletismo en ciertos países es prácticamente desconocida, excepto en aquellos donde es una verdadera tradición como es el caso de España, Italia, México, Rusia, China, Japón y la ex Unión Soviética

Esta forma de atletismo se basa primordialmente en no perder contacto con el suelo en el avance de los pasos teniendo como condición, que la pierna que avanza no se debe flexionar a la altura de la rodilla, o sea que debe mantener una tensión sostenida.

Las reglas de la Marcha establecen que los participantes deben ser controlados por jueces quienes deberán avisar a éstos, sobre cualquier movimiento incorrecto, utilizando un disco amarillo de advertencia, si la falta consiste en la perdida del contacto con el suelo o la flexión indebida.

Cada Juez según reglamento solo puede avisar una sola vez a un mismo atleta, por cada falta, no siendo exigible a los jueces, por representar solo una observación. Continuará

Imagen: Angel Esteban, Gatogrunge en Flickr